Amigas y amigos:

Lo primero, decir que, obviamente, como no he leído el informe, no voy a opinar sobre cada una de las recomendaciones. Voy a referirme en general y, por cierto, me llevaré la tarea para la casa.

Lo segundo que quería decir al tiro, es que durante el año 2013, cuando trabajamos en el Programa de Gobierno, tampoco nos pudimos poner de acuerdo en la institucionalidad. Así que, vamos a estudiar con mucho detalle cuáles son las propuestas. Algunos de los rectores recordarán que en una reunión con el CRUCH, justamente salieron algunas propuestas en ese sentido.

Bueno, es siempre gratificante apreciar los frutos que produce el trabajo bien hecho. Por lo tanto, lo primero que quiero hacer es felicitarlos y agradecer a todos quienes han hecho posible que hoy día estemos reunidos para recibir el informe final de la Comisión “Ciencia para el desarrollo de Chile”.

Agradezco a cada uno de los miembros de la Comisión y a su presidente, Gonzalo Rivas y, por cierto, como él nos contaba, a todos aquellos que se sumaron voluntariamente a las sesiones de trabajo, que dieron parte de su tiempo y de su energía para que podamos contar con este valioso documento de propuestas.

Yo sé que muchas veces la gente de ciencia prefiere el lenguaje franco, a las declaraciones vagas. Así que no voy a repetir aquí lo que ustedes y yo sabemos bien, aunque lo voy a decir, esas son las paradojas del lenguaje: sin buena ciencia, tecnología e innovación, no es posible dar el salto al desarrollo que Chile requiere con urgencia. Y la verdad es que aún nos falta mucho en este ámbito y, tal como se ha dicho aquí, tenemos que actuar pronto y hacerlo de manera seria. Es una tarea de largo aliento, pero que sólo se concretará con mucho trabajo y, por otro lado, con mucha paciencia.

Hoy estamos enfrentados a la necesidad ineludible de readecuar los modos en que concebimos los apoyos públicos y privados para hacer realidad este anhelo que compartimos. Y tenemos que adecuar también la forma en que participan y se coordinan los diversos actores, los organismos estatales y la sociedad civil.

Por eso quiero decir de inmediato que la vocación de este informe no es terminar en una repisa o en un escritorio. Nuestro objetivo al crear esta Comisión, ha sido generar un instrumento de trabajo que permita tener un marco y avanzar en medidas concretas de corto y mediano plazo. Por eso les pedí que, junto con la definición de un horizonte, se planteara una estrategia sólida y muy aplicable.

La creación de la Comisión “Ciencia para el desarrollo de Chile” también respondió a otro propósito: poner en práctica un diálogo transparente entre posiciones diversas y lograr la construcción de acuerdos al servicio de un bien superior. Porque entendemos que cualquier transformación relevante requiere un compromiso compartido, que emane de una participación amplia de diversos actores.

Entonces, con el trabajo que hoy día concluye, la Comisión ha realizado una contribución fundamental –estoy segura- al gran desafío que tenemos como país, de poner en marcha un fortalecimiento de la ciencia, de la innovación y de la investigación en Chile.

Un desafío que la Comisión propone abordar desde múltiples dimensiones.
Primero, con el desarrollo permanente –nos decía Gonzalo Rivas- de capacidades humanas y equipos multidisciplinarios en ciencia, tecnología e innovación; segundo, con la orientación de nuestros esfuerzos en función de nuestras prioridades nacionales y actuando tempranamente para dotar a nuestra base productiva de mayor desarrollo tecnológico; luego, con la generación de un entorno que favorezca una cultura científica y de valoración del conocimiento; y, finalmente, con la actualización y robustecimiento de nuestra arquitectura institucional en esta materia.

Y hoy día tenemos en nuestras manos un documento que recoge un ejercicio de reflexión de hombres y mujeres que han sido partícipes del crecimiento de nuestra ciencia desde distintas posiciones, y que han enriquecido los resultados aportando su conocimiento y experiencia, como también, como hemos escuchado, sus inquietudes, sus dudas y sus interrogantes.

Y lo destaco, porque es normal que existan divergencias en las opiniones y percepciones cuando se abordan materias complejas.

Tengo claro que en el Informe hay definiciones pendientes y que las vamos a resolver. Y nuestra misión como Gobierno es justamente conducir esas disyuntivas para que lleguemos a una institucionalidad coherente y a instrumentos que respondan a los requerimientos del largo plazo.

También hay propuestas que requieren construir condiciones previas, o gradualidad por los recursos que demandan.

Con eso estoy diciendo que el proceso ni se detiene aquí, ni se resuelve en un día, pero que nuestro compromiso es llevarlo a buen término.

Este Informe nos aporta una estrategia que se despliega en un conjunto de propuestas, con medidas organizadas en torno a metas. Entonces, ahora viene el trabajo de transformar este material en planes de acción que partan ahora y se sostengan más allá de este periodo presidencial.

Pero hay que partir actuando ya.

Creo que hay algunas medidas que se pueden tomar a la brevedad, y espero que nadie se caiga de la silla, porque tampoco es un Premio Nobel lo que voy a ganar después de lo que voy a decir ahora.

Primero, vamos a traspasar –ésta es una solicitud que se nos ha planteado-, que traspasemos la Iniciativa Científica Milenio a CONICYT, porque no podemos seguir postergando la definición y gestión de una política unificada de centros de excelencia. Y eso va a demandar de CONICYT la implementación de procesos que aseguren la calidad y la sustentabilidad de su funcionamiento.

Segundo –éstas son medidas a corto plazo, que no tienen que ver con las propuestas que vamos a estudiar; digamos, tienen que ver, pero no es lo único que vamos a hacer-, atendiendo el planteamiento de establecer focos estratégicos para el desarrollo de capacidades científico-tecnológicas y de innovación, voy a solicitarle al Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo la elaboración de Agendas de I+D+i en materia de Agua y Prevención y Gestión de Desastres Naturales.

Porque estas agendas se van a unir también, tal como mencionaba Gonzalo, a la elaborada para el caso de la Minería, dando así dirección al proceso de conexión de las ciencias también con los retos del desarrollo nacional.

Tercero, tal cual también se señalaba, necesitamos crear una cultura de la valoración y el placer por la ciencia. Y, por tanto, vamos a hacer un esfuerzo mayor y común entre los ministerios de Cultura, Educación y Economía para justamente desarrollar un programa específico que ponga a disposición de las comunidades educativas nuevas herramientas y capacidades para fomentar el aprecio por la ciencia y la innovación.

Esto significa en concreto, acciones de reforzamiento del cuerpo docente; identificación y puesta en valor de los activos científicos, culturales y empresariales de los territorios para que sean integrados en la experiencia escolar; desarrollo y traspaso de nuevas metodologías, entre otras. El objetivo es que gracias a este esfuerzo concertado logremos efectivamente generar sinergia que nos permita fomentar una verdadera cultura de la innovación en diálogo con el entorno local. Partiremos este programa en un territorio y luego lo extenderemos por todo el país.

Ahora, una de las preguntas que uno se hace y ustedes nos habrán escuchado hace un par de semanas decir que la economía ha ido más lenta en la recuperación de lo esperado. Y, por tanto, esto nos ha obligado a remirar lo que queda de gobierno y cómo vamos a priorizar y jerarquizar las cosas.

Bueno, ha habido todo tipo de interpretaciones, pero más allá de eso, la verdad es que uno se pregunta, cuando está en una situación así, “los recursos, ¿a qué los dedico?, ¿los dedico a hacer un Ministerio o los dedico a recursos y programas que vayan en pos de la ciencia?”.

Y ésa es una respuesta que es siempre compleja, sobre todo en la cultura nuestra en que todo se resuelve vía Ministerio. Porque hay una lista larga esperando: el Ministerio de la Pesca, el Ministerio del Agua, y les podría contar yo cuántas otras organizaciones vienen y me piden Ministerio.

Sin embargo, y digo esto no porque vaya a decir que lo que dije el 21 de mayo ahora lo voy a borrar, pero siempre es una pregunta que uno se hace: “los recursos, si son escasos, ¿a qué los dedica uno?”

Entonces, de todos modos, queremos cumplir con nuestro compromiso de crear el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Crear un Ministerio es una tarea ardua, incluso cuando se tienen los recursos. Por eso que vamos a estudiar en mucho detalle las alternativas que propone este informe para tomar las decisiones más adecuadas para que la ciencia y la investigación en Chile se vean efectivamente fortalecidas y además cuenten con una institucionalidad que sea, por un lado, efectiva y, por otro lado, ágil.

Pero con la misma franqueza quiero decirles que para que el Ministerio pueda ser útil, tiene que operar en un entorno de redes coordinadas y cooperativas entre todos los actores del sector. Y la palabra “coordinación”, en mi vida he descubierto que es una de las palabras que suena muy bien, aparece la respuesta para todo, pero es una de las cosas más difíciles de lograr efectivamente.

La falta de espacios de información e intercambio abiertos e inclusivos es uno de los obstáculos a nuestro desarrollo científico, tecnológico y de innovación.

En otras palabras, la institucionalidad, sea cual sea, no va a servir de nada si no existe justamente algo que es básico hoy día para la investigación y para la innovación, que es la colaboración, y el compartir el conocimiento; si no existe, entonces, una red de cooperación y confianza entre científicos, desarrolladores tecnológicos, innovadores, inventores que la sostenga.

Llegar al horizonte común que propone el Informe de la Comisión requiere entonces que todos nos pongamos la camiseta y que el esfuerzo se mantenga en el tiempo. El éxito del proceso no puede descansar exclusivamente en lo que puedan realizar los organismos públicos, tiene que haber un trabajo colaborativo y coordinado por parte de todos los actores de la ciencia que Gonzalo mencionaba hace un rato atrás.

Amigas y amigos:

Como país sabemos que aún nos queda un largo trecho por recorrer para aprovechar cabalmente nuestro potencial de desarrollo. Necesitamos hacer de la ciencia, la tecnología y la innovación, los motores de un nuevo modelo de desarrollo, más inclusivo y sustentable.

Conozco a la comunidad científica, no a todos obviamente, pero a parte importante de la comunidad científica. Sé que son apasionados por su campo de trabajo, y sé que también los anima un tremendo amor a la patria. Cuántos podrían optar por desarrollar carreras en el exterior, quedarse en las universidades donde realizan los postgrados. Cuando estuve viviendo fuera de Chile, siempre, donde iba, me juntaba con los chiquillos que estaban haciendo postgrados, doctorados, en fin. Y lo único que ellos querían era volver a Chile y sentían que no siempre tenían los espacios en Chile donde volver. Por eso mencionaba Gonzalo justamente, cómo desde el sector público al privado se podrían abrir esos espacios.

Pero yo sé que la comunidad científica quiere contribuir a hacer de Chile este país más grande, más fuerte, más justo, más inclusivo, más amable también.

Y por lo tanto, creo que uno de los desafíos que debemos tener es la sabiduría, todos los actores, para permitir que se conjuguen armónicamente el crecimiento de la ciencia – con su lógica propia, con sus espacios de reconocimiento y prestigio – y el desarrollo de nuestro país, no sólo en lo económico, sino también que en todos los ámbitos de la vida social.

Tengo la convicción, por lo que he escuchado, que ése es el espíritu del Informe, y tengo la convicción también de que con trabajo y acuerdos duraderos, podremos ser fieles al sueño que hoy día estamos compartiendo.

Quiero finalizar invitando a todos los actores a seguir siendo parte de este proceso, a seguir poniendo su pasión, su experiencia al servicio de nuestro país.

Finalmente, muchas gracias, nuevamente.

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Santiago, 24 de Julio de 2015.
LFS/MLS.