La tarea de promover y fortalecer la innovación requiere de una mejor comprensión de cómo este fenómeno ocurre y esta ha sido una de las reflexiones que ha ocupado al Consejo de Innovación en el último año. En una entrevista con el diario Pulso, el presidente del Consejo, Fernando Flores, adelantó algunos avances de esa discusión, la que se verá reflejada en las nuevas orientaciones estratégicas que el CNIC debe entregar al país a comienzos del próximo año.

Para entender la innovación resulta fundamental distinguir cómo emergen y desaparecen los fenómenos tecnológicos, cómo nacen y mueren empresas y a veces industrias completas o cómo la ciencia y sus aplicaciones van cambiando el mundo en que vivimos y nuestra forma de habitarlo. Y es fundamental comprender el carácter histórico de estos procesos de cambio, porque lo nuevo no emerge desde cero, sino desde un mundo con tradiciones, prácticas y modos de ser.

«Nuestra aproximación es que para entender este fenómeno hay que asumir la existencia de seis horizontes», afirma el presidente del Consejo. Identificarlos, con sus lógicas y características, resulta fundamental para evitar confusiones, reconocer el rol que cumplen y dimensionar su aporte en el proceso general de innovación.

«Porque hoy, -añade- en cualquier parte del mundo, están surgiendo ideas, posibilidades que pueden llegar a transformarse en el mediano plazo en innovaciones, en productos; son proyectos cuyo principal desafío es conseguir financiamiento. Pero al mismo tiempo, están operando aquellas industrias consolidadas y en pleno desarrollo, o existen otras que están desapareciendo, porque una nueva práctica se está abriendo camino y las está desplazando».

Los seis horizontes

Explicados en orden inverso, los seis horizontes de la innovación pueden desarrollarse como sigue.

El sexto horizonte corresponde al más alejado de los mercados y de la innovación propiamente tal. Es el espacio en el que los hombres se hacen preguntas sobre el mundo y construyen discursos sobre ello. En ese horizonte, por ejemplo, están la astronomía o la física y sus preguntas sobre el origen y el destino del universo y del hombre; pero también están las artes y las demás actividades humanas que van haciendo emerger el mundo en el que vivimos.

En el quinto horizonte se cuentan ya proyectos científicos concretos en que la persona quiere ilustrar algo, revelar un principio, con el fin de que este sea validado por una comunidad de pares. Este es el espacio de la ciencia más básica, la generación de prácticas para la investigación y la fabricación del instrumental necesario para llevarla adelante.

La ciencia aplicada está en un siguiente nivel, el cuarto. Es la indagación con propósitos más definidos, la generación de prototipos con miras a alguna aplicación.

En el tercer nivel están los proyectos en fase de idea, pero que pueden transformarse en productos, diseños tentativos de lo emergente, búsqueda de soluciones ad hoc para clientes o situaciones específicas. Las fuerzas del mercado, las regulaciones y otros aspectos comienzan a tomar relevancia en este nivel con miras al surgimiento de un nuevo producto o la apertura de un nuevo mercado.

Por último, en el primer nivel o en el horizonte más próximo, está lo más actual, los productos ya instalados que están en plena madurez, pero que están siempre amenazados por aquello que viene emergiendo, por las nuevas prácticas, por las nuevas miradas.En el segundo horizonte hay productos que comienzan a ganar un espacio en un mercado, que serán fuente de cash flow futuro para las empresas que los desarrollan y se producen las transiciones de mercado o desplazamiento de cadenas de servicios o incluso de industrias completas. El tiempo de instalación y la capacidad de ganar porciones de mercado relevantes son claves en este nivel.

Santiago, 11 de octubre de 2012